Boletín Homeopático


DICIEMBRE 2005

LA CURACIÓN HOMEOPÁTICA:
Por el Dr. Gilberto Quintero Ramírez.

Con motivo de la publicación del trigésimo boletín Haasler queremos agradecer a todos nuestros lectores por el favor de su atención durante estos años y medio, además de renovarles nuestro compromiso de brindarles la más novedosa y actualizada información con respecto a la Homeopatía. En boletines posteriores continuaremos exponiendo las patogenesias más reciente de nuevos medicamentos así como las aportaciones clínicas de los autores contemporáneos más notables. En el presente boletín, como una forma de celebrar nuestros 30 primeros números, abordaremos el tema de lo que lo homeopatía mueve, remueve y cura en el ser humano.

Nuestras terapéutica, basada en la ley de los semejantes y en principios naturales inmanentes e inalienables, es humanista por excelencia pues su primera meta es el Hombre y su finalidad más inmediata es ayudar al paciente no sólo a equilibrar su energía vital, lo que denominamos curar, sino además sentar las bases y servir de catalizador par que, como dijera el gran maestro Hahnemann en su parágrafo 9 del Organon, cada persona alcance los más altos fines de su existencia, es decir, para que cada paciente, una vez estable y sano, pueda trascender, conociéndose y haciéndose conciente de su misión de vida.

Para ello la homeopatía actúa estimulando y optimizando todas las funciones del organismo, tanto a nivel físico, emocional y afectivo, como dinámico y sutil. En un plano más físico e inmediato, la acción del medicamento semejante en el organismo humano tiene como finalidad el “recordarle” a los tejidos y sistemas sus funciones naturales óptimas; en un plano más mental e integral, actúa de la misma manera pero incidiendo en la conciencia y en la identidad humanas. Así, simplificando, podemos decir que la Homeopatía, a un nivel más básico y esencial, le recuerda al organismo lo que tiene que hacer pero, a un nivel más profundo y existencial, le recuerda al individuo lo que tiene que ser. De este modo nuestra terapéutica se erige como catalizador indiscutible del proceso ontológico, del camino del ser, estimulando y acelerando los procesos que definen y sustentan las nociones de identidad y autodefinición personales. Y una de las pautas a través de las cuales podemos reconocer y guiar estos procesos dinámicos de evolución personal está reflejada en la Ley de Hering, conocida también como Ley de Curación o Ley de Involución, misma que expresa los diferentes sentidos e intenciones de la curación verdadera: La curación debe ser el centro a la periferia, de arriba hacia abajo, del órgano más importante al menos importante, de la psique al soma (de la mente al cuerpo) y en el orden inverso a la aparición de los síntomas. El primer sentido, aunque puede entenderse y aplicarse de manera literal, expresa a su vez una disposición jerárquica y simbólica donde el centro son la mente, la identidad, el espíritu, la conciencia y la libertad de acción de cada individuo, mientras que la periferia se refiere no sólo a las partes del cuerpo en las que se sustenta y de las que se sirve la mente consciente, sino también puede aplicarse al entorno humano, social y material que rodea al ser humano. Así, como dice el maestro Paschero, el hombre está llamado, a través del proceso de curación homeopática, a ir del yo al nosotros y del egoísmo al altruismo, a verse en los demás para poder ser él mismo en plenitud, compartiendo y compartiéndose desde la claridad de su centro, pues nadie puede brindar lo que no tiene ni tampoco puede nadie compartir o entregar nada en contra de su voluntad. Nadie puede amar si no se ama y la Homeopatía en una instancia profunda ilumina el camino del amor verdadero. Algo semejante podemos encontrar en el segundo sentido de la ley de curación, de arriba hacia abajo, aunque de una manera más clínica y tangible en este caso; es decir, la dirección de la desaparición de los síntomas muchas veces sí lleva esta secuencia cuando se está dando la curación, desapareciendo primero los síntomas de la cabeza y de la cara, después los del tronco (junto con los que tienen que ver con los órganos internos y los sistemas fundamentales), y por último, los de las extremidades y la piel, lo cual queda expresado también de manera clara y precisa en el siguiente enunciado. Sin embargo, también podemos aplicar esta disposición a un nivel jerárquico, entendiendo por lo más elevado y alto a la conciencia y la mente, y por lo más bajo los aspectos más externos y periféricos del organismo (las funciones corporales, los órganos, la piel, faneras, etc.).

Estos cinco enunciados pueden resumirse en dos conceptos o ideas, los cuatro primeros en uno y el último en otro: La curación debe ser centrífuga e involutiva. Lo cual sustenta el carácter exonerativo de la curación homeopática, la que se caracteriza por una serie de manifestaciones depurativas y de eliminación de todo lo que es tóxico y ajeno a la condición humana. Las exoneraciones más inmediatas y típicas son de orden físico y se manifiestan como secreciones, hemorragias, vómitos y excreciones, las más mentales suelen ser estallidos de cólera, llanto inconsolable, recuperación de recuerdos olvidados o, en el mejor de los casos, accesos de risa, alegría propositividad o asertividad aumentada del individuo. En este sentido cabe precisar que el carácter sanador de la homeopatía se expresa básicamente a través de la exoneración, primero de aquello que es preciso eliminar para contactar con la esencia. Así, en palabras más simples, la verdadera homeopatía primero elimina lo malo y después lo bueno. Primero se manifiestan, en proceso de eliminación, todas las dinámicas que obstaculizan y enferman al hombre, todas las toxinas bioquímicas y biofísicas –materiales y dinámicas- que impiden la evolución ulterior y plena de cada ser humano; después, no obstante, se manifiestan, en proceso de autoafirmación, las potencialidades y las capacidades, las habilidades y las virtudes que cada persona guarda en sus interior y que no siempre puede expresar. Porque, así como entendemos que cada paciente se enferma de una manera única e irrepetible, también cada individuo está llamado a trascender de una manera única e irrepetible.

Cabe mencionar que este proceso de concientización suele estar precedido de fuertes crisis existenciales en las cuales el paciente puede sentirse confundido o desear abandonar el proceso de curación homeopática, hundiéndose en el légamo húmedo, oscuro y cálido de la inmovilidad vital, en la rutina cotidiana paliativa de todos los dolores, negándose a asumir la construcción de su propia felicidad. El homeópata, con toda humildad, en estos casos, deberá ser más paciente que su paciente y no forzarlo a emprender el viaje de la trascendencia personal asta que él lo decida. Pero cuando lo haga tendremos la seguridad que, a pesar de los dolores de crecimiento implicados en el proceso, hallará la plenitud y la alegría vital, y que tendrá la certeza de que sólo compartiendo los valores del corazón se accede a la riqueza verdadera. 

 
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