Boletín Homeopático


ABRIL 2006

LA FELICIDAD
Por el Dr. Gilberto Quintero Ramírez.

¿Es usted Feliz?
Esta pregunta podría ser una de las más dilucidadoras en el trabajo cotidiano del homeópata en busca de la esencia individual y del motor existencial de cada paciente, podríamos explicarnos muchas cosas o llevamos al meollo de muchas situaciones. Sin embargo, no siempre podemos hacerla ya que puede ser invasiva o imprudente, o no siempre puede ser respondida, por falta de conciencia o ignorancia. Aunque parezca irónico, la felicidad es un asunto muy serio y cuya búsqueda deprime a más de alguno.

Para Pulsatilla en estado de relativa salud, la felicidad no es otra cosa que el amor (¡obnubilada Pulsatilla que teniendo razón confunde el dar con el recibir y pierde el sentido de la dicha!). Pero el amor en su existencia es algo tan inasible y frágil que suele ser experimentado más como un anhelo y una motivación: el afecto, nutricio y refulgente, está siempre a la vuelta de la esquina, a unos instantes en el futuro. Y una vez obtenido es fuente de agobio y pesar, porque sobre el mismo pende constante la amenaza de la pérdida.
Desequilibrada, Pulsatilla sustituye el cariño por bienes materiales, volviéndose superficial, frívola, materialista y codiciosa. Sustenta su felicidad en el bien que todavía no obtiene y el cual una vez obtenido pierde su encanto y su fulgor.

Arsenicum desdeña la felicidad por inasequible y quimérica: Es una necedad obcecada a la que aspiran sólo las mentes más inmaduras e ilusas. Solo se puede aspirar a la seguridad que brindan los bienes materiales y el dinero, aunque no se pueda nunca disfrutar de ello. Aurum se burla de la felicidad porque la felicidad se burla de él. Lo más cercano a la plenitud es el deber, el afán industrioso y las responsabilidades desbocadas con las cuales intenta exorcizar los demonios sombríos y letales de la culpa y la minusvalía que lo acechan desde el inconciente. Sí, Aurum posee una certeza secreta de felicidad, la muerte, su muerte, la cuál le brindará entonces la máxima dicha y el regocijo absoluto. A lechesis le hace feliz sembrar de malsana cizaña su entorno humano, a Anacardium el sufrimiento de sus semejantes y a Sepia nada en el mundo.
Las personalidades más terrenas y psóricas como Baryta carbonica, Calcarea carbonica y Silicea conciben la felicidad desde la rutina y la seguridad de su vida cotidiana. El orden de todas las cosas y la convicción del mañana sustentan su plenitud. Para Baryta carbonica, que no logra comprender el mundo que lo rodea, nada es más grato que la placidez del devenir de sus días desde la certidumbre de sus ritos vitales; como Sulphur, puede ser una de las personalidades más felices del mundo, pero también una de las que menos contactan con el exterior. Calcarea carbonica es estructurado, paciente y sensato, y por ello respalda su satisfacción en las cosas más tangibles y accesibles de la vida, es un henodista de lo cotidiano. Silicea afirma ser feliz con la seriedad más sobria y menos espontánea, pero habrá que creerle porque es uno de los individuos más maduros e íntegros de la Materia Médica.

Los individuos que pertenecen al miasma sycóstico tienden a concebir la felicidad desde la acción y la transformación de la realidad circundante: las relaciones humanas y la obtención de bienes materiales constituyen una de las claves de su satisfacción. Suelen buscar todos los satisfactores en el exterior y les cuesta mucho ser reflexivos o ahondar en su mundo interior; en su desaforada pesquisa rara vez encuentran la paz pues siempre hay novedades y anhelos en los cuales proyectar su trascendencia. El ejemplo más extremo y patológico de esta situación lo encontramos en Tuberculinum, uno de los sujetos más desdichados de la Materia Médica, el cual jamás encuentra complacencia en estímulo alguno, siendo su vida una sucesión perpetua de descontento y pretensión. Para él, la felicidad es algo perentorio y decisivo que, de hecho, lo mueve en la vida, pero también es algo totalmente inaccesible y elusivo.
Nux vomica ha confundido siempre felicidad por placer, por ello nunca se sacia de aquellos estímulos que lo satisfacen, en el fondo vive con un vacío perpetuo y un descontento creciente que lo llevan a ser competitivo en extremo, a buscar constantemente nuevos horizontes y retos.
Consigue lo que se propone pero fácilmente se torna materialista y consumista, frívolo y egoísta. En sus momentos más nobles y equilibrados, estos sujetos pueden sentir una paz interior y una alegría sutil que nace de la seguridad de hacer lo correcto, de entregarse de lleno a quienes ama, a sus ideales y principios. Pero la ambición y la pasión pronto lo llevan al desequilibrio, al deseo excesivo y sin topes de bienes, donde la felicidad se torna evasiva y apoyada en la anulación de moderación alguna. Ignatia, en su apasionada reactividad, tiene un concepto de la felicidad en constante cambio.
Hoy puede ser una relación, mañana otra. Puede ser un objeto ansiado, una prenda de vestir o una meta en la vida. En sus estados más equilibrados suele materializar todo lo que se propone y proyectarse a su alrededor como una persona chispeante y feliz, llena de vitalidad e ideas. En estados patológicos pierde la capacidad de disfrutar y se ve abrumada por la desazón constante de sus impulsos impredecibles: Ya no sabe lo que quiere, y mucho menos sabe si es feliz. Phosphorus, cuyo nombre significa portador de luz, en sus fases de equilibrio, probablemente sea la personalidad más felíz de todas. Su felicidad descansa en su innato sentido de la maravilla, en su naturaleza gregaria y en su irrebatible positivismo que está matizado de curiosidad y deseo de novedades.
Vive en un mundo mágico y de ensueño (muy semejante al de Ignatia), se inclina sistemáticamente hacia el lado más luminoso y claro de la vida. Cuando se desequilibra puede presentar una etapa de frivolidad y materialismo y como Pulsatilla puede ansiar ropas y joyas finas, pero lo más común es que, una vez en deterioro, se torne indiferente y vacío.

Staphysagria, como Natrum muriatucum, es secretamente feliz en su desolación y en sus carencias, porque las penas y los desconsuelos lo engrandecen y dignifican. Sufren como nadie pero eso los llena de secreto gozo. Medorrhinum afirma ser completamente feliz pues concibe la vida y la plenitud como una búsqueda constante en pos de nuevas experiencias, sean gratas o desagradables, permitidas o inmorales. Sin embargo, entre todas las grandes personalidades hay una que es la más feliz de todas, una que está constante y completamente satisfecha: Sulphur, quien jamás sufre por nada y a quien le llena de felicidad y orgullo su condición, su supuesta superioridad intelectual y humana. Sulphur, que renuncia al amor con tal de evitar por siempre el dolor, sumiéndose en el légamo putrefacto del egoísmo y de la reclusión, ignorando que sólo el amor conduce la felicidad verdadera -etérea, luminosa y transmutadora- y la cual es una actitud interior que sólo podemos reconocer frente al espejo de nuestros semejantes.
 

 
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