Boletín Homeopático


AGOSTO 2007

Homeopatía, conciencia y libertad
Por el Dr. Gilberto Quintero Ramírez

Con el presente boletín se alcanzan los primeros 50 números del mismo, cifra que nos enorgullece a quienes trabajamos para escribirlo, editarlo y distribuirlo. Por lo mismo, y coincidiendo con el cuarto aniversario de los Domingos Culturales Hasler, queremos agradecer profundamente a toda la comunidad homeopática por su apoyo, atención y amables sugerencias. Este trabajo está dedicado y es para todos ustedes, y es motivo de satisfacción y honda alegría que nuestra terapéutica cada día sea más fuerte, más conocida y más aceptada por el mundo. Que, cada día, la Homeopatía forme parte de la vida de más personas.
En el presente ejemplar abordaremos un tema esencial: A la misma Homeopatía, terapéutica tan nuestra y esencial, praxis cotidiana y filosofía de vida de todos los que nos dedicamos a ella, así como sus enaltecidos y más notables alcances.
La Homeopatía, como todos lo saben, es mucho más que un sistema de curación perfecto y natural. Es, además, una filosofía que nos permite entender mejor la vida y a nosotros mismos. La Homeopatía es una lente que clarifica los mapas de la existencia y la urdidumbre de nuestras relaciones y aspiraciones. Es algo muy parecido a una religión, a un arte sublime, a una visión mística y reveladora, porque brinda entendimiento profundo y comprensión cabal de los conceptos más amplios y complejos. Es esencialmente humana y humanista porque está enfocada en el hombre y en las cosas del hombre, desde una perspectiva integral, evolutiva y trascendental: Concibe al Ser Humano como una entidad en perpetuo crecimiento y con potencialidades únicas e irrepetibles. Sí, es básica y esencialmente un sistema clínico terapéutico cuya finalidad única y elevada –como lo señalara el mismo Samuel Hahnemann- es la curación del enfermo. Pero este sistema, fundamentado en leyes y principios universales y naturales, también tiene sus propios conceptos de lo que es Salud, Curación y Humanidad.
Para la Homeopatía, la salud va mucho más allá de la ausencia de signos y síntomas, e implica un estado de bienestar global y dinámico que converge en el crecimiento y la evolución permanentes del individuo, hasta alcanzar tal estado de plenitud y felicidad (sí, felicidad) que donde se puedan desplegar todas las potencialidades latentes, aquello que Hahnemann denominara los altos fines de la existencia, es decir, nuestra misión de trascendencia personal, individual y vital. La salud, como la ley de Hering lo señala, implica una expansión del ser en un sentido centrífugo pero fructífero. La curación debe darse, para que sea verdadera curación, del centro a la periferia, del cuerpo a la mente, del soma a la psique, pero –como lo señala el gran Dr. Paschero- yendo más allá de los límites de la propia persona, implicando un devenir del yo al nosotros, del egoísmo al altruismo, es decir, en la consolidación de la consciencia de grupo, comunidad y totalidad humana. Cuando el hombre inicia, en conciencia y libertad, el camino hacia su curación, ha vencido ya a la enfermedad, aunque todavía persistan síntomas, porque no obstante las afecciones y las limitantes físicas, este sujeto ha imbuido su vida con el sentido y la intención personales, ha comenzado el viaje interior que le permitirá descubrir cuáles son sus facultades únicas y cómo éstas pueden traducirse en prosperidad y provecho para el resto de la humanidad. La Salud absoluta, desde la perspectiva de la Homeopatía y desde la visión más sensata de cualquier persona, no existe; existe la salud creciente, el bienestar progresivo, el continuo desarrollo y la búsqueda permanente del sentido de la vida. Y es en este sentido cómo y dónde trabaja la Homeopatía, estimulando y activando todos los procesos que nos hacen humanos. Eso es la curación.
Y si bien es cierto que la Homeopatía puede curar desde las afecciones más simples, como una cefalea, una erupción o un cuadro gripal; hasta las patologías más complejas, perniciosas y letales, como la diabetes si se trata a tiempo o incluso el cáncer en sus primeros estadios (la Homeopatía cura todas las enfermedades, pero no en todos los enfermos), también es cierto que la acción más notable de la Homeopatía descansa en su capacidad de optimizar la conciencia y ampliar la visión de la vida y sus misterios. La Homeopatía hace a quienes la toman y la estudian más concientes de sí mismos, aunque esta conciencia muchas veces implique crisis y confrontaciones consigo mismos y con la sociedad. La homeopatía hace a la gente pensante, activa, asertiva y sanamente ambiciosa. Los pacientes sobre quienes ha actuado la medicina homeopática a través de un tratamiento ordenado, reflexivo, semejante e integral, con el tiempo no sólo se vuelven personas más exitosas y positivas, sino que aprenden a desarrollar sus capacidades y a relacionarse con su entorno de una manera más provechosa. Estas personas se ven más armoniosas, gozan de buena salud y de buena fortuna, fluyen por el mundo y saben qué quieren y quiénes son. Pero este conocimiento, esta consciencia puede implicar también gran dolor y frustración ya que las partes más antiguas, atávicas y viscerales de cada uno de nosotros siempre se niegan a perecer y cambiar, y es cuando aparece el miedo y la renuencia al cambio completo. Toda muerte es terrorífica aunque conlleve en sí misma la certeza de un renacimiento y el despliegue del poder interior. En este sentido, la Homeopatía es la firme heredera de la alquimia al transformar el plomo de las limitaciones y pesados defectos, en el oro brillante de la trascendencia y el brillo personal, bajo el crisol y el fuego de la certidumbre existencial y el ejercicio responsable de la libertad.
La Homeopatía nos permite ver la verdad, nuestra verdad interior, que es probable que nos disguste o nos cause repulsión. Pero también nos permite transformarla en una nueva y más elevada veracidad hasta poder ser dueños, comprometidos y maduros, de nosotros mismos.
Con la Homeopatía se puede transformar la suerte de un hombre, curar sus heridas externas e internas, armonizar su apariencia, mejorar a sus amigos y parejas, atraer el éxito y la alegría, sembrar de luz sus senderos y de paz su corazón. Con la Homeopatía, como lo decía Proceso Sánchez, el sabio homeópata, se puede construir un mundo mejor y una mejor humanidad partiendo de la consulta cotidiana, de la prescripción de cada día. Y vale la pena erigir como faro de nuestra práctica estas aspiraciones, perseguir estos sueños en el diagnóstico de cada uno de nuestros pacientes. Vale la pena buscar la magia, ordenada, científica y natural, que se esconde en la buena Homeopatía.
Puede que los homeópatas, por más que no lo queramos, seamos imperfectos, limitados y llenos de defectos, carencias y mentiras pero la Homeopatía es límpida y precisa, perfecta e impoluta, detentora eterna de la Verdad. 

 
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