Boletín Homeopático


DICIEMBRE 2009

¿Qué es la Clínica Homeopática?
Por el Dr. Gilberto Quintero Ramírez

   La Clínica, en general, junto con la terapéutica (de la cual hablaremos en futuros boletines) es la disciplina más importante y fundamental en el ejercicio de la Medicina. Utiliza como herramienta fundamental a la Semiología. La Clínica puede entenderse como la ciencia y el arte de la medicina encaminadas, mediante la observación y el interrogatorio, al diagnóstico de una situación patológica (enfermedad, síndrome, trastorno, etc.), todo esto basado en la integración e interpretación de los síntomas y otros datos aportados por la anamnesis, durante la entrevista clínica con el paciente, además de los signos de la exploración física y la ayuda de complementos laboratoriales y de pruebas de imagen. Con el diagnóstico de una enfermedad se puede, en la medicina clásica, estructurar y programar un tratamiento. Tradicionalmente la clínica (del griego kliní: "lecho", "cama") es el diagnóstico realizado al pie de la cama del enfermo a través del relato de su sintomatología y de los signos obtenidos en la exploración física, por extensión, se puede aplicar a todo aquel trabajo exploratorio que se hace con el paciente.

   El concepto de clínica es muy antiguo, probablemente a la par de la humanidad misma, sufriendo un proceso evolutivo que ha continuado a lo largo de la historia y, en gran medida, relacionado con la conciencia humana del concepto de la enfermedad. Asume quizá su verdadera identidad en su desarrollo inicial con los médicos griegos como Hipócrates en el siglo V antes de Cristo y luego en la Edad Media y en el Renacimiento, fundamentalmente en los asilos u hosterías, después hospitales para desposeídos, enfermos y ancianos. Los países donde llega a desarrollarse desde fechas muy tempranas son, entre otros, Francia e Italia. El referente histórico sobre movimientos de creación de cátedras e institutos clínicos data de los siglos XVII y XVIII en toda Europa, en donde la enfermedad se presenta al observador de acuerdo con síntomas y signos.

   En un inicio, la clínica se basaba en una relación directa y estrecha entre el enfermo y su terapeuta, y el éxito de la misma dependía esencialmente de las habilidades del médico, de su sagacidad e inteligencia, de sus capacidades motoras y de su sensibilidad, así como del empleo óptimo de unas muy pocas y limitadas herramientas. Muchos de esos médicos notables se caracterizaban por tener, además una intuición muy desarrollada y un conocimiento empírico de la condición humana.

   La Clinica Homeopatica, toma en cuenta todo lo anterior y trabaja de la misma manera, a través de un minucioso interrogatorio, junto con un acucioso proceso de observación y se caracteriza por tomar en cuenta la totalidad del paciente para prescribirlo del mismo modo, de manera integral y plena. Para ello se toman en cuenta tanto los aspectos físicos como emocionales, lo objetivo como lo subjetivo, las vivencias del pasado así como las del presente. La Homeopatía busca optimizar al individuo en toda su constitución. Por ello, y contrariamente a lo que muchos, incluyendo algunos homeópatas, pudieran pensar, la clínica homeopática es mucho más compleja y demandante, ya que aunque se sustenta básicamente en los subjetivo y en lo cualitativo del enfermo, también toma en cuenta la patología objetiva y cuantificable; así, el verdadero homeópata hace lo que el médico tradicional, sin desdeñar ningún dato ni resultado, pero lo integra a través de los mapas ontológicos, emocionales y psicológicos del paciente.

   Una frase que ejemplifica y sintetiza el pensamiento y la filosofía de la Clínica homeopática es aquella que pregona que no existen enfermedades sino enfermos. Sin embargo, este sencillo y, a la vez, popular enunciado, encierra muchas connotaciones sutiles e implica bastantes complicaciones prácticas. La homeopatía al enfocarse en el individuo y en su condición personal más que en su patología, se convierte en la medicina humanista por excelencia, además de que su acción terapéutica tiene tremendos y profundos alcances; siendo capaz de “curar” desde las afecciones más simples y cotidianas, como un resfriado común, o las más localizadas, una cefalea, hasta las condiciones humanas más profundas y propias de la condición humana, como el descontento, la infelicidad o la falta de autenticidad. La frase encierra básicamente el carácter individual e individualista de nuestra praxis, pero también sus alcances. Dicho de otro modo, así como cada persona se enferma de una manera única e irrepetible y cada medicamentos posee una patogenesia y una acción únicas e irrepetibles, también el devenir, la adaptación y la forma de trascender de cada persona, será única e irrepetible.

   Esto nos lleva al sustrato esencial de la Clínica Homeopática, que es el manejo integral del paciente y el respeto a su naturaleza única, todo lo cual sólo puede llevarse a cabo haciendo un énfasis especial en su estado psicológico, así como en su naturaleza particular. Debemos recordar que la homeopatía actúa reforzando el estado integral del individuo, desde su sistema inmunológico hasta su nivel de conciencia y su capacidad de adaptación. Así, para una mejor prescripción debemos tomar en cuenta el mayor número de síntomas, signos y rasgos posibles, todo aquello que individualice y caracterice al paciente, todo aquello que nos ayude a definirlo como una entidad única. Por ello, entre los síntomas trascendentales y de mayor peso tenemos los mentales y todos aquellos que de alguna manera describen lo peculiar y notable de cada ser humano: Los deseos y aversiones (tanto psicológicas, como alimenticias y lúdicas), las modalidades climáticas, las pautas del sueño y los sueños, las sensaciones y las preferencias de toda índole. Así, como todo aquello que constituye la vida cotidiana de cada individuo son los elementos que pueden servir de materia prima para la construcción de un trabajo clínico homeopático relevante y eficaz. Sin embargo, ante esta aparente multiplicidad de información, es muy fácil que el homeópata, en su afán por obtener lo mayor posible de su enfermo, se pierda en la obtención y acumulación de datos sin orden ni concierto, terminando con un cúmulo vasto y desordenado de información inconexa y variable, además del desconcierto y el cansancio del propio paciente. De ahí entonces que un imperativo de la clínica es el trabajo jerárquico y cualitativo sobre los mapas del paciente.

   En este sentido, es conveniente que todos los homeópatas recurramos a los grandes clínicos de nuestra terapéutica, tanto a los clásicos como a los contemporáneos: Hering, Nash, Kent, Paschero, Vithoulkas, Sankaran, Morrison y Vijayakar, entre otros muchos. El quehacer homeopático es verdaderamente un arte, donde sólo a través de la práctica constante se pueden llegar a conocer y dominar las múltiples técnicas de nuestro trabajo, sólo a través de la guía de los grandes maestros podremos comprender la amplitud de la Homeopatía, sus innumerables caminos y sus profundas sutilezas, y sólo con humildad y constancia todo esto podrá traducirse en salud para un mayor número de dolientes. 

 
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