Boletín Homeopático


SEPTIEMBRE 2014

Los Altos Fines de la Existencia.
Por el Dr. Gilberto Quintero Ramírez

   En su parágrafo número 9, Hahneman precisa que en el hombre sano, la Energía Vital ánima la parte material del cuerpo, sobre el cual tiene un poder ilimitado para armonizarlo y mantenerlo en equilibrio, de esa manera “el espíritu dotado de razón puede emplear todos estos instrumentos para alcanzar los más altos fines de nuestra existencia”. Esos altos fines de la existencia no son otra cosa que el llamado a la trascendencia de cada ser humano porque así como cada persona se enferma de una manera única e irrepetible, así también cada individuo está llamado a trascender de una manera única e irrepetible: cada sujeto consciente y dueño de su propia voluntad tiene por delante una misión existencial exclusiva, un quehacer ontológico y vital que nadie más posee. De este modo, si dicha persona no atiende al llamado de su consciencia y de su ser interior, dicha tarea quedará inconclusa en el entramado mismo del Universo. La Homeopatía, siendo una terapéutica humana y humanista por excelencia, concibe al ser humano como una entidad en continuo e ilimitado crecimiento y puede brindarle la consciencia y las aptitudes racionales, activas y volitivas para ir en pos de dicho llamado. La consecución de estos altos fines, de esta misión de vida personal, es además la fuente de dicha y bonanza más certera para cada ser humano: cuando cada persona, consciente de su ser y en dominio de sus propias facultades, va en busca de sus tareas existenciales también va al encuentro de su mayor felicidad.

   Por esto mismo, desde la perspectiva filosófica homeopática la salud va mucho más allá de la ausencia de síntomas y enfermedades, implicando una estabilidad física, mental y dinámica que pueda estimular el desarrollo completo del ser humano, pudiendo con ello aspirar a un estado de plenitud, felicidad y auto conocimiento donde se puedan manifestar las potencialidades latentes o capacidades de cada persona. Y estas potencialidades latentes tienen que ver con los talentos propios de cada individuo, los cuales, conforme se va instaurando el proceso de curación, a su vez, se tornan más conscientes y activos. Así, la homeopatía no sólo tiene la capacidad, al estimular a la Energía Vital, de sanar las afecciones físicas y mentales de los enfermos, sino que también es capaz de catalizar los propios procesos de crecimiento y evolución del individuo.

   La mayoría de las personas, debido a las limitaciones de su entorno y de su vida, no logran activar todas sus capacidades esenciales, todas las herramientas latentes de su ser, las cuales están determinadas por la carga genética y por las pautas dinámicas heredadas, así como por la propia individualidad, lo cual hace al ser humano único. Asimismo, estas mismas limitaciones sociales y culturales muchas veces impiden que el individuo desarrolle realmente las áreas más débiles o menos evolucionadas de su ser. Una persona a quien le es difícil el arte o el pensamiento matemático, suele justificar su incapacidad y permanecer cada vez más anclado en su zona de confort. Y el entorno familiar y cultural fortifica este tipo de actitudes, reforzando la noción de que aquello para lo que no somos naturalmente capaces no es para nosotros. El mismo Principio de Peter, pregonado en los últimos años dentro de los ámbitos empresariales, y que reza que “en toda jerarquía todo empleado asciende hasta alcanzar su nivel de incompetencia”, resume esta postura social. José Ortega y Gasset muchos años lo había formulado diciendo que todos los empleados o burócratas deberían descender a su grado inmediato inferior, porque han sido ascendidos hasta volverse incompetentes. Desde este cuestionable postulado, la mayoría de la sociedad asume que hay un nivel donde un ser humano cualesquiera ya no puede desarrollarse, así como también puede haber áreas que la persona jamás podrá dominar, áreas de incompetencia. Todo lo cual, sustentado en la visión humanista homeopática, es totalmente falso. El ser humano siempre puede crecer, siempre tiene un sendero evolutivo y retos que lo estimulen y definan su existencia. Cada persona, ante cada meta lograda tendrá una miríada de nuevas metas por alcanzar no importa lo difícil o imposibles que parezcan.

   En nuestro arsenal homeopático, además, contamos con medicamentos de acción electiva y profunda sobre áreas de trascendencia humana. Así, existen remedios que pueden instar el desarrollo, por ejemplo, de la creatividad (Asterias, Calendula, Chocolate, Lac maternum, Natrum muriaticum, Phosphorus), de la adaptabilidad (Arsenicum, Calcarea carbonica, Kali bich, Kali carbonicum) o de las habilidades físicas y motoras (la mayoría de los carbónicos, así como Silicea, Sulphur y Apis). Existen medicamentos que estimulan el intelecto, incluso en áreas determinadas, como el pensamiento matemático (Ammonium carbonicum, Carcinosin, Nux vomica, Thuja), el lenguaje (Baryta carbonica, Lachesis, Natrum mur., Silicea), la capacidad de abstracción (Ammonium carbonicum, Baryta carbonica, Calcarea carbonica, Phosphorus, Pulsatilla) o la comprensión (Alumina, Baryta carbonica, Calacarea carbonica, Gelsemium, Graphites, Lecithinum, Nux moschata). En Homeopatía, hay medicamentos dinamizados para optimizar incluso las áreas afectivas y emocionales, mismos que con consciencia y trabajo por parte del paciente, pueden mejorar la capacidad empática y la expresión de emociones y sentimientos (Carcinosin, Silicea, Sulphur por citar ejemplos).

   Pero también existen medicamentos homeopáticos aún más específicos para aquellos que desean trabajar sobre áreas que no se han podido desarrollar a lo largo de la vida, sus “esferas de incompetencia”, cuyo estímulo puede provocar el crecimiento más integral y pleno del ser humano. Estos medicamentos de acción particular y ontológica, es imposible listarlos porque deben adecuarse en semejanza con cada individuo, de acuerdo a su historia, a sus rasgos de personalidad y carácter, así como a sus cualidades y temperamento. Este tipo de remedios, llamados por algunos autores medicamentos de la personalidad, constitucionales o remedios profundos, tienen la capacidad de despertar no sólo los talentos latentes de cada persona sino también de ayudar, a través de la propia voluntad y consciencia, al desarrollo de todas aquellas esferas que el individuo quiera activar. El ser humano sólo está limitado por sus propias creencias, por sus estructuras y mapas forjados en el crisol dinámico de la cultura y la familia. Sin embargo, la Homeopatía es la herramienta más sólida y nítida para derrumbar estos muros limitantes y poder acceder a la verdadera libertad: la capacidad intrínseca y volitiva de cada ser humano para construir su misma realidad y su propia vida, la capacidad de elegir lo que se quiere ser y cómo desde ahí se pueda trascender en pos de lo más sublime y significativo. Todo lo cual constituye el verdadero y único sentido del éxito en la vida. 

 
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