Boletín Homeopático


MAYO 2021

Homeopatía del Alma
Por Gilberto Quintero Ramírez

  La Homeopatía es la ciencia y terapéutica de los semejantes. Su gran y más portentosa característica es que no cura por sí misma, sino que insta al propio organismo y condición humana a su curación, y esto es siempre a través de la Ley de los Semejantes, expresada por Samuel Hahnemann en su parágrafo 26 del Organon (Sexta Edición, 1921). Mientras se cumpla este requisito de semejanza, la actividad dinámica sanadora se produce siempre. Sin embargo, en los últimos años han surgido muchas y diversas corrientes sobre su aplicación y viabilidad, corrientes homeopáticas que a veces parecen contradecirse o descalificarse entre sí. Así también podemos encontrar una gran cantidad de autores que explican sus muy peculiares modos de aplicar la semejanza, a veces desde una perspectiva meramente clínica o a veces desde perspectivas totalmente psicológicas o incluso transpersonales. ¿Cuál de todos estos enfoques es el válido? En realidad, todos. Mientras haya semejanza de calidad entre los síntomas del medicamento y los síntomas del paciente el proceso de curación se activará a través de la propia energía vital del sujeto. Asimismo, por síntomas podemos abarcar desde las alteraciones propias de las patologías y afecciones fisiopatológicas del enfermo hasta las manifestaciones y alteraciones caracterológicas más personales, comprendiendo desde los estados de ánimo más transitorios hasta los más permanentes, los cuales pueden considerar rasgos caracterológicos, personalidades o incluso mecanismos mentales de defensa ante la realidad y las circunstancias adversas de la vida. Siempre y cuando estas manifestaciones estén lo suficientemente modalizadas, individualizadas e identificadas a través de modalidades, concomitancias, peculiaridades y rasgos atípicos, raros y únicos, pueden tomarse en cuenta para llegar, en semejanza, a un medicamento. Por eso, aunque la Homeopatía es una y sólo una, sí existen muchos caminos y técnicas de abordaje diferentes en cuanto a la definición y búsqueda de la Semejanza.

  Algunos homeópatas, por ejemplo, pueden trabajar a partir de algún síntoma muy notable o molesto para el paciente, modalizándolo e individualizándolo minuciosamente, incluso cuando es muy particular o específico, siempre y cuando esté modalizado. La homeopatía falla cuando intenta prescribirse sin semejanza, sin humanizar el cuadro, de manera aislada. Así, cuando un homeópata prescribe Belladonna para la fiebre solo porque es fiebre, tiene un índice muy elevado de probabilidades de fracasar. Sin embargo, si la fiebre es con las características típicas del medicamento, rubor, calor, dolor y sensibilidad a las sacudidas, la curación sí se llevará a cabo. Pero si incluso el paciente anterior además de lo mencionado presenta gran reactividad, ánimo beligerante, midriasis y deseo de limonada o alimentos ácidos, la curación será casi inmediata. Incluso independientemente de la potencia o la frecuencia del medicamento: la clave esencial de la homeopatía es la semejanza sólida y bien elaborada. De la misma manera al prescribir desde una perspectiva mental o psicológica pasa lo mismo, prescribir Natrum muriaticum a una persona sólo porque refiere ser rencoroso no es garantía de éxito, ni incluso cuando el paciente mencione que es muy apegado al pasado. No obstante, si este mismo paciente relata ser muy reservado, reacio a llorar y mucho menos en presencia de otras personas, amante de la soledad y con aversión física y emocional al sol, entonces las probabilidades de mejoría integral serán mucho mayores. Aún más, si esta misma persona muestra una peculiar agravación general alrededor de las diez de la mañana y una línea horizontal marcada en sus labios, así como una cierta tendencia a aborrecer el pan, la acción de Natrum mur podrá ser mucho más contundente o incluso extraordinaria. No importa desde que aspecto de la propia condición del paciente se aborde la toma del caso, lo importante es enriquecerla con datos fidedignos y personales que humanicen el caso, lo individualicen y distingan. Esta es la clave esencial de la semejanza, y por ende de la Homeopatía.

  El enfoque más profundo de nuestra terapéutica, denominado por algunos autores, como Cassandra Lorius, Homeopatía para el alma, implica la aplicación de la homeopatía sobre la propia consciencia adquirida. Es bien sabido que la Homeopatía actúa independientemente de la consciencia o voluntad del paciente sobre su propio proceso de curación. Sin embargo, la consciencia sí modifica este mismo proceso, optimizándolo y expandiéndolo, disminuyendo la posibilidad de agravación y la intensidad de la misma. Dado que los medicamentos homeopáticos no son los que realizan el proceso de curación, tanto a nivel de una infección o de una adicción, sino la propia fuerza vital del individuo a través de todas las herramientas de la economía humana, así,. cuando el sujeto está más consciente puede potentizar esta acción. Dicho de otra manera, si la persona modifica sus actitudes voluntariamente para estar en una mejor y mayor sintonía en semejanza con su medicamento homeopático, ¿la acción de la homeopatía también se eleva? A través de las observaciones clínicas del último par de décadas, se puede afirmar categóricamente que así es.

  Durante mucho tiempo los homeópatas, influenciados por la acción de la medicina tradicional, han indagado sobre la posibilidad de encontrar una acción directa de los medicamentos homeopáticos sobre las personas independientemente de su condición. Es decir, algún medicamento que en todos los casos generará una respuesta esperada. Tal efecto no existe y es ajeno a la homeopatía, a menos que dicha condición estuviera presente en todos los seres humanos y con las mismas modalidades y características.

  Cuando la Homeopatía se acompaña de procesos terapéuticos su acción se torna mucho más amplia, profunda y transformadora, al grado de poder denominarse alquímica, es decir, transmutadora. La acción más elevada de nuestra terapéutica no sólo es aquella en la que los síntomas y signos desaparecen sino, como lo menciona Hahnemann en su parágrafo 9, aquella que insta a la consecución de los altos fines de nuestra existencia, a ir en pos de nuestra misión vital o, como lo diría el insigne Maestro argentino Pablo Tomás Paschero, ir del yo al nosotros, del egoísmo al altruismo. Así, la naturaleza fructífera del ser humano, tan individual, única, inédita y personal como su forma de enfermarse, es el culmen de la sacra unicidad humana: así como cada uno de nosotros nos enfermamos de una manera única e irrepetible, así también estamos llamados a trascender, de manera propia, personal y desde la autenticidad más genuina y congruente. 

 
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