Boletín Homeopático


AGOSTO 2004

MEDICAMENTOS CLASICOS DE LA PERSONALIDAD: LYCOPODIUM (PRIMERA PARTE).
Por el Dr. Gilberto Quintero Ramírez

Los síntomas únicos se marcan con un asterisco* y los síntomas líderes o característicos (con máximo valor en el Repertorio) mediante el símbolo ©.

Lycopodium es uno de los remedios más conocidos de la Materia Medica, sin embargo posee multiplicidad de síntomas en todas sus esferas, desde sus mentales hasta los diferentes aparatos y sistemas. Tan sólo en el capítulo de psiquismo, de acuerdo al “Complete Repertory” de Van Zandvoort, posee 1274 síntomas mentales.

La esencia de Lycopodium es, sin lugar a dudas, la inseguridad, la falta de confianza en sí mismo, lo cual puede manifestarse de múltiples maneras, como minusvalía (Desvalido©), cobardía, timidez, indecisión o incluso pusilanimidad©, y a través de diferentes formas de compensación que incluyen todo su síndrome mínimo característico de valor máximo: Altivo, dictatorial, contrario pero intolerante a la contradicción, anticipado, concienzudo e industrioso. Bajo esta descripción y la de la mayoría de los textos de Materia Medica, este individuo se caracterizaría por ser altamente desagradable, agresivo, ambicioso (y por todos los medios posibles), manipulador y ventajoso (es duro e implacable con sus inferiores pero dócil, sumiso y condescendiente con sus superiores). No obstante, si nos limitamos a esta visión, perderemos de vista a muchos pues, al igual que Natrum mur., Lyc. Tiene multitud de caretas. Estos sujetos pueden ser muy alegres, bromistas, agradables, sensibles y simpáticos; educados, aparentemente tolerantes, abiertos, respetuosos y muy propios (el más caballeroso de la Materia Medica) además del más grande seductor entre todas las personalidades (junto con Nux vomica).
Sin embargo, detrás de toda esta afabilidad desbordante y magnético encanto, suele haber un gran vacío existencial sustentando en un terrible y enraizado complejo de inferioridad.

Si se tuviera que describir con un solo concepto a este individuo (que en la mayoría de los casos es del sexo masculino), la palabra más adecuada sería la de impotencia, pues Lycopodium es impotente en todos los niveles de su ser y en todas sus esferas, no puede pensar, sentir, crecer, relacionarse ni amar con plenitud; es impotente a nivel volitivo, afectivo, intelectual, metabólico, vital, renal, digestivo y sexual. No puede, y por eso busca poder a toda costa y por todos los medios posibles. Su impotencia se compensa siempre con un afán hipertrófico y expansivo: Al igual que su sistema digestivo, al no poder digerir ni encarar sus funciones naturales se hincha. Su ego al no poder digerir la realidad circundante, se hincha mediante la soberbia, el egoísmo, la egolatría, la codicia y el desdén. Así, necesita proclamar su grandeza a cada instante, descalificando a los demás y erigiéndose como un líder absoluto.

A nivel volitivo tiene tanto pérdida de la voluntad como debilidad extrema de la misma, necesita de los demás para hacer las cosas, ya sea manipulándolos para obtener ventaja o buscando la imagen que lo salve y lo engrandezca ante la mirada escrutadora del mundo. Lycopodium “se roba” la voluntad de los demás para contender ante la vida.

Afectivamente, es quizá donde más drástica y severa es la impotencia de Lyc., pues no puede amar porque es el más solo de los seres humanos (de ahí su temor a la soledad pero su renuencia a tener compañía directa e inmediata): Y está solo porque carece de iguales, porque los seres humanos para él se clasifican en superiores e inferiores, nadie está a su altura, por eso llega al extremo de insultar a personas imaginarias*. Es el más desconfiado (suspicaz©) de la Materia Medica y no puede intimar a ningún nivel (de ahí su impotencia sexual, su falta de erotismo o sexualidad inhibida©: evasión del contacto profundo que lo lleva al extremo de recurrir al sueño durante el acto sexual).
Lycopodium rehuye las relaciones cuando éstas implican un vínculo y responsabilidad.

No obstante y a pesar de lo anterior, uno de sus grandes motores existenciales es la búsqueda de gratificación sexual, es un experto para conquistar a toda clase de mujeres y también es un experto para no comprometerse y manejarse con gran ambigüedad. Lycopodium, como nadie le teme al poder curativo de la verdadera intimidad sexual, pero por otro lado, la añora y no puede dejar de buscarla. Su incapacidad afectiva llega a su máxima manifestación en el hecho de que abandona* o se aparta a sus hijos*. En algunos casos, la negativa de Lycopodium de contactar con sus seres queridos, lo lleva a ser el tirano inaccesible del hogar o a ser complaciente al grado de perder el respeto de su familia; emocionalmente, a Lycopodium le cuesta mucho desinhibirse o ser espontáneo, siempre está bajo control y evita expresar sus sentimientos porque cree que eso lo hará vulnerable; son padres fríos que no se involucran con lo que le sucede a sus seres más cercanos (lo cual también es una forma de abandono). En su compensación hipertrófica a estos niveles, se jacta de ser un conquistador y de tener amigos poderosos, asimismo el llanto cuándo le agradecen* o cuando se enternece tiene el mismo simbolismo: Es un llanto vacío y sin sentido, o no lo libera de su esclavitud vital.

A nivel intelectual, su impotencia se hace patente en sus errores al hablar, escribir y comprender, es el disléxico por excelencia. Sin embargo también se “hincha” a este nivel y se precia de ser un gran experto en todas las áreas del conocimiento humano, habla con autoridad y hace todo lo posible por descalificar académica o intelectualmente a quienes lo cuestionan: Sólo a quienes le rindan total pleitesía habrá de conducirlos a la “verdad”. Su impotencia física sigue la misma pauta: Metabólicamente no se nutre pero como con voracidad. Sus riñones no eliminan orina sino piedras y arenillas. Por más que quiere moverse en la vida, se congestiona en todos los sentidos. Vanidoso por excelencia, su piel se mancha y se arruga, encanece y pierde su cabello. Y él, que “se ha comido el mundo”, no digiere los alimentos más sencillos.
Muy simbólica de su incapacidad para darle sentido en intención a la Vida, es la agravación mental mientras camina: Se torna lento* e impaciente©, se confunde© (aunque mejora al aire libre), siente gran temor© y, en última instancia, teme no llegar hacia donde se dirige, no alcanzar su destino, reflejo esencial del hecho de haber perdido, desde hace mucho tiempo, el rumbo de su existencia y su misión más elevada. De ahí que envejezca como ningún otro y se pierda en un mundo de autoengaño, frívola imagen, tedio y vacuidad.
 

 
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