Boletín Homeopático


MARZO 2006

DROSERA ROTUNDIFOLIA
Por el Dr. Gilberto Quintero Ramírez
Los sintomas únicos se marcan con un asterisco*.

Drosera es una planta carnívora cuya estrategia de alimentación radica en atraer pequeños insectos simulando estar cubierta de néctar o rocío. Las plantas insectívoras se agrupan en tres órdenes distintos: Nepenthales, Scrophulariales y Rosales. La mayor parte de las especies pertenecen al orden Nepentahles, entre ellas las plantas odre, las dróseras y la venus atrapamoscas. Las dróseras concentran entre 90 y 100 especies. Habitan en todo el mundo, y son las más comunes. Las hojas segregan un fluido pegajoso transparente similar a una gota de rocío (drosos, en griego, significa rocío). Si un insecto se posa en la hoja o la toca levemente, queda sujeto por los filamentos pegajosos, que se curvan hacia adentro y comprimen a la víctima junto a la superficie foliar, donde es digerida.

Aunque este es un medicamento de uso común y un tanto sistemático en el tratamiento de la tos, posee otras indicaciones distintivas y eficaces en otros muchos ámbitos de la patología humana y especialmente en el terreno mental. Se podría decir, incluso, que posee un temperamento peculiar y rasgos mentales únicos. Puede, además, presentar severos dolores reumáticos nocturnos, mordientes o excruciantes, sobre todo en huesos largos, como la tibia. Puede haber rigidez en las manos (la articulación de la muñeca y las de los dedos están contraídas rígidamente). Estos pacientes pueden experimentar una muy severa debilidad generalizada, sienten la cama muy dura (Árnica) y se les ve demacrados y pálidos.

Drosera posee una personalidad básicamente femenina. Se trata de personas con una voluntad férrea y una tanto impositiva. No toleran que las cosas se salgan de lo previsto o de lo planeado por ellos, insisten de manera perentoria y dictatorial en seguir sus planes hasta su consecución final*, no admiten contradicción ni adversidad, son muy obstinadas, irritables y reactivas.

Los sujetos Drosera son extremadamente desconfiados pero irónicamente a pesar de su tremenda suspicacia tienen una extrema necesidad de estar en contacto con otras personas, las más de las veces para manipularlas o chantajearlas emocionalmente de las formas sutiles, indirectas y eficaces.

Estas mujeres suelen “alimentarse” de los demás, convirtiéndose a veces en verdaderos parásitos emocionales de amigos, familia y, sobre todo, del terapeuta. Una de sus tácticas más usuales es presentarse ante el médico u homeópata describiendo un grave y complicado cuadro; después de la primera prescripción referirá una completa y extraordinaria mejoría que hace sentir satisfecho y orgulloso a su terapeuta. Sin embargo, en lo sucesivo negará la mínima mejoría y utilizará la aparente recuperación inicial como una forma de chantaje y manipulación posterior. Con el tiempo, su dulzura y docilidad inicial irán dando lugar a una creciente irritabilidad que puede desembocar en un cuestionamiento acre y abierto. Drosera puede llegar a pensar, como Arsenicum o Lachesis, que el homeópata ya no quiere ayudarla o la está agravando con un propósito velado. Esta paciente puede llegar a ser tan ruin y malintencionada como Lachesis, Platina o Anacardium.

Drosera es probablemente uno de los remedios homeopáticos más importantes en el tratamiento de los estados paranoicos de todo tipo, desde los más leves, en los cuales el paciente reconoce sus impulsos de desconfianza, hasta los más severos, donde se instaura un pánico paranoide desbordado e inmanejable con arranques de extrema cólera y violencia. Sin embargo, la característica distintiva de esta desconfianza radica en el hecho de que estos pacientes no se aíslan de los demás sino que insisten en continuar interactuando y relacionándose, solamente señalan reiterativamente su suspicacia pues por otra parte también suelen sentirse aislados, abandonados o separados. En realidad lo que hay detrás es un profundo sentimiento de desconexión con el medio que puede manifestarse como escrúpulos excesivos pero también como nostalgia, deseo de compañía (se agrava física y mentalmente estando solo), pena, irritabilidad, reactividad, sensibilidad a las ofensas o propensión a tomarse todo a mal, Drosera siente gran desánimo y desaliento, así como diferentes formas de ansiedad y miedo. A estos enfermos, en el fondo, también les cuesta mucho comunicarse y expresar lo que sienten.

En su faceta equilibrada, encontraremos a una persona positiva y muy sensata, individuos que se caracterizan por ser pacientes, tolerantes y optimistas, a los cuales es muy difícil perturbar o sacar de sus casillas.

Sin embargo, son también bastante tímidos o introvertidos, aunque poseen una tenacidad única que los lleva a alcanzar sus metas aunque esto implique mucho tiempo o un sinnúmero de actividades. Esta naturaleza perseverante se agrava en forma desmedida con el tiempo y conforme el sentimiento de vulnerabilidad se va acentuando, desarrolando impulsos de tiranía y sometimiento hacia quienes le rodean.

Uno de los primeros síntomas es la intolerancia a estar solos combinada con la sensación de que algo está muy mal a su alrededor. La enferma está convencida que las cosas no son como aparentan, pudiendo llegar a pensar que la gente que la rodea, incluyendo sus seres queridos, son farsantes, robots o extraterrestres. Drosera desarrolla pensamientos absurdos y llega a creer en toda clase de supersticiones o nociones ilógicas, siente que el mundo se está disgregando o que detrás de todas las cosas hay algo ominoso y terrible; todos estos pensamientos, no obstante, se mitigan o desaparecen estando en compañía, especialmente de personas conocidas o de confianza, como si su presencia tuviera el poder de devolverla a la realidad. Estas mismas percepciones alteradas suelen conducir a que estos pacientes desarrollen un intenso temor a escuchar malas noticias por lo cual evitan contestar el teléfono o incluso abrir la puerta.

Drosera puede sentir ansiedad con los síntomas anteriores o especialmente al anochecer, estando sola o al despertar. También presenta ansiedad por el futuro, ansiedad hipocondríaca con la certeza de tener una grave enfermedad que todos le ocultan, peor estando solo, en la fiebre o durante los bochornos menopaúsicos que también pueden detonar estos estados mentales. Hay miedo a la muerte, a todo lo sobrenatural, temores indefinidos y difusos pero muy intensos, pero sobre todo al infortunio o a escuchar desgracias.

Cuando la suspicacia, el miedo y especialmente la depresión se acentúan, Drosera puede llegar a desarrollar impulsos suicidas, sobre todo arrojándose al agua, desea morir ahogado. Estos síntomas suelen aparecer en las fases más avanzadas de su patología, mismas donde se presenta también una reactividad furiosa en la que el paciente siente que todo está fraguado para su ruina o que el Universo mismo maquina en sus contra.
 

 
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