Boletín Homeopático


DICIEMBRE 2015

Fases de la patología y enfermedades incurables.
Por Gilberto Quintero Ramírez

  La curación desde la perspectiva de la filosofía homeopática es la restitución del orden integral en la constitución humana, la devolución de la salud al individuo, tomando en cuenta tanto las esferas tangibles, la biológica y la psicológica, así como las intangibles, donde se incluyen los aspectos espirituales y trascendentes del ser humano. De esta manera, curar no sólo implica eliminar los síntomas y afecciones del individuo sino la devolución de la armonía y el equilibrio entre todas las partes de su ser. Curar, por lo tanto, implica crecer y evolucionar, ir en pos de la plenitud que es felicidad pero también trascendencia: los altos fines que Hahnemann menciona en el parágrafo 9. Así, en el sentido inverso, la incurabilidad, homeopáticamente, es la incapacidad de la Energía Vital para restaurar el orden armonioso y evolutivo de toda la economía humana, independientemente del tipo de afección o patología que ésta presente o de la gravedad estructural. Dicho de otro modo, muchas afecciones que la medicina tradicional puede clasificar como incurables no lo son homeopáticamente.   Y una afección aparentemente intrascendente puede ser incurable o letal si la Energía Vital del paciente se halla en un estado de irreversible deterioro o, incluso, si la capacidad de crecimiento, aprendizaje y evolución del individuo se encuentra irremisiblemente estancada: así, para la Homeopatía un estado de atasco o mediocridad volitiva irreparable puede considerarse también como incurabilidad.

  Todo proceso patológico en la persona humana suele atravesar por tres fases progresivas y crecientes. En primera instancia toda afección se presenta a un nivel sensorial; en este plano el individuo manifiesta síntomas totalmente subjetivos sin ninguna base estructural, ningún cambio orgánico y ninguna alteración funcional aparente: estos síntomas pueden ser mentales o meras sensaciones, así como alteraciones sutiles o patentes de la conducta. El nivel sensorial es el nivel donde la Homeopatía actúa de manera óptima y puede ofrecer los mejores resultados. En esta fase la prescripción se fundamenta en los síntomas subjetivos y mentales, deseos y aversiones, así como rasgos (es decir manifestaciones subjetivas u objetivas pero no necesariamente patológicas). En esta primera fase es posible llevar a cabo un tratamiento crónico, aquel que es fundamentalmente miasmático y esencial de la Homeopatía en el sentido curativo ya que es el que prescribe todos los niveles del ser humano, desde lo mental hasta lo físico. Este tipo de enfoque clínico y terapéutico tiene como finalidad la optimización de las potencialidades, activando las capacidades latentes, lo cual puede ayudar al individuo a desarrollar su conciencia y trascender.

  La fase funcional, segunda fase de la manifestación patológica, es la más común y en ella los síntomas son el resultado de un funcionamiento inadecuado de los órganos y sistemas. Sin haber daños extremos o irreparables del cuerpo, si hay trastornos en el funcionamiento armónico de sus partes, sean de exceso, carencia, disfunción o una falta de integración. En esa fase la Homeopatía puede hacer mucho al ofrecer una curación verdadera e integral, no sólo eliminando las manifestaciones mórbidas de las funciones alteradas sino restaurando la conformidad de las mismas, todo lo cual puede llevar cierto tiempo en lo que el organismo mismo restaura y ordena dichas funciones. Es común, que muchos pacientes acostumbrados a los efectos paliativos de la medicina tradicional aduzcan en este tipo de tratamientos que la Homeopatía es lenta, sin tener en cuenta que no es el medicamento el que realiza la curación sino el propio organismo humano a merced de la fuerza vital.

  La tercera fase de todo proceso patológico es a nivel estructural, la más grave y en la cual la acción de los miasmas, las verdaderas enfermedades crónicas y los responsables de las patologías que destruyen al ser humano, se hacen más manifiestos. En esta fase, que sigue a las otras dos en orden sucesivo y que puede llegar a instaurarse después de muchos años en que las fases anteriores se hallaron activas pero sin curar, se presenta con la alteración de la esencia íntima de las células, tejidos, órganos y sistemas. Es donde aparecen aquellas enfermedades catalogadas como degenerativas, autoinmunes, malignas y sobre todo incurables. Estadísticamente es aquí donde la acción homeopática se ve más limitada, pues a la par de la destrucción de los tejidos se presenta un deterioro en la capacidad de respuesta de la Energía Vital, lo que limita la acción de la homeopatía en realidad, siendo necesario o bien la búsqueda de un medicamento homeopático con un elevado grado de semejanza (en casos donde todavía es posible la curación), o se precisa la paliación (en casos donde la Energía Vital ha perdido completamente su capacidad de respuesta). Es importante señalar que bajo esta perspectiva de las tres fases del proceso patológico es posible entender la evolución de muchas afecciones, algunas de las cuales son catalogadas por los médicos como asintomáticas al no presentar desde un inicio síntomas propios del órgano o sistema afectado. Muchas enfermedades de órganos vitales, como el cáncer por ejemplo, no son realmente asintomáticas, pues presentan síntomas patentes desde muchos años antes: síntomas en el plano emocional y de la personalidad del sujeto. Un paciente puede no haber tenido síntomas metabólicos o pancreáticos antes de que presentara un cáncer de páncreas pero podemos ver en su historia biopatográfica como desde décadas anteriores, incluso, su carácter fue agriándose, tornándose intolerante y lleno de agitación en su interior, pudiéndose acompañar todo esto de manías y aversiones, movimientos vitales fallidos para poder ir en pos de una verdadera plenitud. Después de estas manifestaciones podemos ver un conjunto de alteraciones funcionales en todo el organismo, mismas que al no ser resueltas y acompañarse de supresiones dinámicas, después se tornan severas; así dolorimientos ocasionales con el tiempo se tornan permanentes y cada vez más graves, tratados probablemente con dosis crecientes de anti inflamatorios o esteroides sin una verdadera resolución. Con todo esto, dicho paciente al cabo de los años presentará una afección más grave, maligna o letal.

  La paliación homeopática, cabe mencionar puede ofrecer una calidad de vida y estabilidad que a veces, para el propio paciente, es indistinguible a la curación. Es menester, si se desea paliar, no prescribir el Simillimum pues puede generarse agravación y detrimento general.   Recordemos que el mismo Simillimum en potencias más bajas se torna solamente Semejante. Al paliar homeopáticamente es recomendable mantener un enfoque organicista y patológico, prescribir inicialmente en potencias bajas y medias, recurriendo si es preciso al pluralismo y evitando el empleo de remedios profundos.
 

 
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